Titán de La Mancha 2014

20 de septiembre de 2014

TITÁN DE LA MANCHA 2014. (210 kilómetros)
(20-09-2014)


Javier, Isidro y Juan Manuel. Nuestros Titanes de La Mancha

CRÓNICA: Juan Manuel Ruiz, (en primera persona, desde dentro del equipo).

“Allá se descubren varios desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla…”

Pero no se trataba de gigantes, sino de molinos, y quienes osaban batallar contra ellos no era quijotes sino titanes, sin más montura que sus bicicletas ni más coraza que sus cascos de ciclista y maillots de GP-Phi-Polideportivo…

Se trataba de una aventura que había comenzado en septiembre de 2012, cuando el “Titán de la Mancha” era “sólo” una marcha a ritmo controlado y tranquila, con muy pocos bikers que se hacía en grupo, saliendo y llegando todos juntos. Allí estuvimos Isidro y yo disfrutando de más de 230 km por tierras manchegas, junto a un grupo de unos 70 compañeros más. Lo promovían y organizaban algunos locos entusiastas por el ciclismo del club “Rutas por Alcázar”.

Tras un 2013 sin “Titán”, el club (ahora CDE Pulsaciones) decidió dar un salto cualitativo y lo transformó en una marcha no competitiva a ritmo libre, y con la posibilidad de participar individualmente, por parejas o por equipos. ¡Allí teníamos que estar, no nos lo podíamos perder!. Yo fui de hecho el primer participante en inscribirse, pero al final por diversos motivos y con muchas dudas (debido a problemas físicos de Isidro y Ramón, y por otro lado a que los “compis” de mi club de MTB de Madrid tampoco acababan de atreverse) casi hasta el último minuto no se formó el equipo que defendería los colores de GP-Phi Polideportivo en la prueba. Ramón tenía que declinar la participación como biker y acabamos formando parte del equipo Isidro, mi compañero Javi (al que convencí a última hora como refuerzo) y yo mismo como bikers y Ramón en una impagable labor de apoyo logístico.
                                       
El caso es que el viernes nos citábamos en Alcázar para recoger dorsales, y después cena y a dormir temprano en las excelentes instalaciones que rodean Bodegas La Reconquista (Complejo Turístico Viña Soro) gracias también a las gestiones de Isidro. A las 4:45 tocaba diana, para vestirnos, preparar los últimos detalles, desayunar y partir hacia la salida, que estaba prevista a las 6:15 (finalmente se saldría cerca de las 6:30).

¡Y a rodar!; los primeros km, de noche, se realizaron a un ritmo bastante rápido. Era importante ir arañando minutos al “fuera de control” para poder afrontar alguna posible contingencia posterior que se pudiera dar. De este modo llegamos a Puerto Lápice (km 49) algo antes de las 9 h., con más de media hora de adelanto sobre el horario de cierre de control, que estaba establecido en una media de 14 km/h. Ahí aprovechamos el apoyo de Ramón y Carmen para dejar los focos y los manguitos antes de seguir el camino.

A partir de ahí la ruta ya comenzaba a endurecerse, y el ritmo lógicamente iba bajando un poco, aunque aún rodábamos fuertes y con ganas. Sin embargo ya comenzó a quedar claro que Javier tenía una marcha más que nosotros, por lo que seguir su ritmo nos iba a costar bastante, y que Isidro en las bajadas iba a sufrir más de la cuenta, ya que su freno trasero había dejado de responderle. Así llegamos hasta la rampa de casi un km del “Reventón”, con su desnivel por encima del 17% en algún punto, y con una pista pedregosa y suelta que hacía muy complicado mantener la tracción y la trazada. En esos terrenos, seguir una rueda no aporta nada, y cada uno tiene que subir a su ritmo y como pueda. Javi coronaba primero, yo un minuto después e Isidro casi inmediatamente después de mí. De ahí, una bajada vertiginosa y peligrosa por el estado del terreno nos dejaba prácticamente en Urda, bajada que con el freno de la Cannondale de Isidro fuera de uso le obligaba a un descenso muy lento y prudente.

A partir de Urda, una suave subida constante hasta llegar a los pies de la Calderina, en el km 105, donde comenzaban los duros 5 km que te llevan hasta el punto más alto de la provincia de Toledo. A mí particularmente ese ascenso me puso en mi sitio; era el punto en que comenzaba la parte más dura de la prueba, que duraba hasta el km 155 aproximadamente, ya que a partir de ese punto la ruta ya se ponía en franca tendencia descendente.

Sin embargo, hasta llegar a esa zona favorable aún había que recorrer 50 km con la subida de la Calderina y su peligrosa bajada, el ascenso a “Sierra Calderina”, una corta pero muy exigente subida tras el que sucedía un descenso aún más peligroso por lo estrecho, pedregoso, seco y suelto del terreno, tras ello el corto pero brutal ascenso al molino de Fuente el Fresno y su no menos brutal sendero de descenso, con los mismos problemas de piedras y tierra suelta que nos encontramos en muchos km del recorrido. Y tras Fuente el Fresno, un terreno de constante subida con algunas rampas y repechos nada desdeñables hasta “Cruce de Caminos”, en el km 155 aproximadamente.

Estos 50 km fueron los más exigentes de toda la ruta, y en ellos gran parte del tiempo que habíamos ganado respecto del “fuera de control” se nos fue escurriendo km a km. Javi era el único de los tres que aún mantenía la alegría en la pedalada; yo prácticamente me vacié intentando seguir su ritmo de forma infructuosa, e Isidro luchando y sufriendo lo indecible. Durante todo ese trayecto fuimos avanzado y parando para reagrupar el equipo cada pocos km, pero fue un tramo que nos supuso un duro castigo. Personalmente, y aunque no sea muy propio de mí, tengo que confesar que hubo algún momento en que pensé que no iba a ser capaz de completar el reto.

Pero todo llega, y tras esos 50 km de sufrimiento nos plantábamos en el alto de “Cruce de Caminos”, en el km 155 aproximadamente, ya “sólo” con 55 km por delante y una ruta en tendencia descendente, salvo un par de repechos y la subida final a los molinos de Alcázar.

Cierto es que esos últimos km de rodar por planas y rectas pistas, desde Puerto Lápice hasta Herencia y después Alcázar se hicieron largos, ya con tantas horas de bici y tantos km en las piernas. Esa zona de la ruta era plana y algo aburrida; rodar, rodar y rodar, todo lo rápido que podíamos (lo que nos permitían las piernas) para intentar llegar antes de que anocheciera (los focos quedaron en la furgoneta por la mañana).

Por fin, cerca ya de las ocho de la tarde, más de 13 horas después de partir, con el sol ya cayendo llegábamos a Alcázar de San Juan. Aún quedaría dar un rodeo para subir a los molinos, una corta pero dura subida, rematada con un último repecho que ya sólo logramos subir montados por puro orgullo; pero allí estábamos, en el cerro de los molinos con toda la ciudad de Alcázar a nuestros pies. Felicitaciones del público que estaba allí arriba, marca en el dorsal y por la carretera cementada volando hacia la meta; entrada en Alcázar, un breve callejeo y a las 20,15 estábamos enfilando la Avenida de Herencia, rumbo al arco de meta de la Plaza de España y a rematar la dura faena que nos había tenido casi 14 horas encima de la bicicleta, tras haber recorrido 210 km por los duros y ásperos caminos manchegos, ¡VICTORIA!.

Allí entramos, juntos y en paralelo, mientras Ramón, nuestro ángel de la guarda particular nos aguardaba con la cámara de fotos en ristre, para inmortalizar el momento, ¡GRACIAS AMIGO!.

En cuanto al resultado final, decir que nos salió una media total de 15 km/h, 16,9 en movimiento. Puesto 15 de 23 en equipos, con 117 participantes en total (incluyendo individuales, parejas y grupos) por delante y 60 por detrás, amén de los 33 retirados (tomamos la salida 213 bikers).

Haciendo análisis y un poco de autocrítica, yo creo que nuestra actuación fue mejorable, ya que nos costó alcanzar el mejor funcionamiento como equipo, llegando éste en el km 146 en el segundo paso por “Casa de Forestales”, lo que posiblemente nos hizo gastar más tiempo y fuerzas de las necesarias en algunos tramos, y un desgaste individual excesivo. En todo caso, fue una experiencia brutal, agotadora e inolvidable de BTT, de la que sin duda aprenderemos, en lo bueno y en lo menos bueno para el futuro.

No quiero terminar la crónica sin agradecer, primero a nuestras familias, que en muchas ocasiones tienen que “sufrir” nuestras ausencias para poder entrenar y tener opción a participar en retos de este calibre, a los colegas de Bicycles Club MTB, que nos ha apoyado y animado a Javi y a mí en todo este proyecto, a los amigos de GP-Phi-Polideportivo, por su ánimo y apoyo incondicional, y desde luego a mis compañeros Ramón (y Carmen), Javi e Isidro, que han sido los compañeros de viaje en esta aventura.

Como he leído yo antes en algún sitio, “cualquier reto es posible a vuestro lado”.
Nos vemos en la próxima!

1 Comentario

  1. Anónimo

    Muy buena crónica. Enhorabuena a todo el equipo por completar el reto!

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